Los nuevos datos del mercado de trabajo y los problemas que enfrentamos

Tasa de actividad del mercado de trabajo español

Tasa de actividad.

Con la última Epa de 2016 contamos ya con datos suficientes para hacernos una idea de cómo parece estar evolucionando nuestro mercado de trabajo. Cuando menos para tener una idea aproximada de cómo se comporta el empleo y los problemas que enfrentamos. Aunque esto debemos hacerlo siempre con mucha prudencia. Los números, las estadísticas y las encuestas son interpretables. Incluso hay casos en los que los datos resultan contradictorios. De hecho esta última Epa presenta diferencias demasiado grandes entre los datos de ocupación y los datos de afiliación…

En cualquier caso no es mi intención hacer un pormenorizado análisis de economía aplicada. No es mi campo. Solo apuntar lo que el mercado laboral parece mostrarnos en este inicio del 2017 y con ello señalar algunos problemas y algunas propuestas. Y es que, desde mi punto de vista, se observan cambios significativos. Algunos más esperados que otros.

Por una parte se constata una preocupante bajada de la población activa (127.800 personas menos en el conjunto del año) y la tasa de actividad sigue sin crecer. Es más, baja ligeramente. Por otro se apuntan datos realmente positivos. El desempleo se ha reducido en 541.700 personas en un año. Una cifra realmente importante. Y, aunque los ingresos por cotizaciones no han llegado a lo que el gobierno esperaba, parecen mostrar un crecimiento robusto. Este es uno de los mejores datos que podemos esperar. Los ingresos por cotizaciones sociales de las cuentas de afiliación de quien tiene empleo se acercan a nuestros mejores datos en el año 2009.

 

Empleo y cotización

 

Esto habla, en principio, muy bien de la cantidad y del tipo de empleo que estamos generando. Aunque con la constante guerra de cifras y las múltiples interpretaciones de las mismas uno nunca sabe… Además, tampoco debemos dejar de lado otras cifras que se mantienen insoportables. Las de los hogares donde todas las personas están en desempleo, por ejemplo. Su número ha bajado pero el problema persiste: 1.387.700. familias tienen a todos sus miembros en desempleo.

En general, independientememte de los datos gubernamentales y de las previsiones más optimistas, la situación es mejor. Incluso en mi propia experiencia profesional empiezo a vislumbrar opciones en lo que hasta ahora era un escenario absolutamente inmóvil. El páramo desértico que ha sido nuestro mercado de trabajo en los últimos años da serias muestras de haber cambiado.

Aún así el mercado laboral mantiene algunos problemas preocupantes. Fundamentalmente porque se están convirtiendo en crónicos. Muchos hemos dicho hace tiempo que cuando el mercado laboral se fuera recuperando (que a pesar de lo dicho, no está conseguido, solo en proceso) habrá situaciones que no mejorarían. Y es que el mercado laboral español tiene problemas que son independientes del crecimiento del PIB y que, en mayor o menor medida, se han presentado hasta en tiempos de bonanza.

A pesar de los buenos datos estamos en una situación en la que empiezan a aparecer monstruos que algunos anticipábamos, concretamente el de tener que convivir con altas tasas de desempleo. Y es que ya contamos con estimaciones oficiales que situan nuestra tasa de desempleo estructural en el 16%. Una barbaridad a la que estaríamos acercándonos. Yo espero que esto no sea así. Confío en el mejor de los escenarios. Pero, aún en este, creando 500.000 empleos al año (una burrada) podríamos plantarnos en 2020 con una tasa del 12% de desempleo, con veinte millones de personas trabajando y dos millones sin empleo.

Llegar a bajar esta tasa de desempleo estructural pasa por enfrentar algunos de los grandes problemas tradicionales. Podríamos mencionar unos cuantos, pero yo me voy a limitar hoy a señalar tres junto con alguna propuesta que pienso podría contribuir positivamente a corregirlos. Problemas concretos y específicos en los que, creo yo, deberíamos concentrar los esfuerzos de las políticas activas de empleo: El desempleo de larga duración, la temporalidad y la situación de las personas con discapacidad.

He hablado del desempleo de larga duración muy recientemente por lo que no voy a extenderme. Solo señalar que este es, de los tres fenómenos que señalo, el más novedoso. Cuando menos en las cifras que presenta. La mitad de nuestro desempleo es de larga duración (2.153.400 personas, el 50,82%). Y nunca habíamos tenido tantas personas en desempleo por más de dos años. En concreto hay 1.603.000 personas que han trabajado en algún momento pero que ahora llevan más de dos años en desempleo.

En 2016 hemos vuelto a reducir las cifras de personas desempleadas de larga duración (83.900 personas menos) pero resulta claramente insuficiente. Dadas las complejas características de la crisis, que se enmarca en el cambio hacia una sociedad digital, era predecible. Nos enfrentamos a un problema que precisa de programas específicios con respaldo individualizado y oferta formativa. Y cierta paciencia pues no se adquieren competencias ni se revierten este tipo de situaciones en un mes.

La temporalidad, en cambio, es algo que ha ido en aumento hasta llegar a las inaceptables cifras que presenta en este momento. En mi provincia, en Pontevedra, las cifras de contratación en el año 2016 muestran más de un 94% de temporalidad en el total de contratos celebrados.

Contratación laboral Pontevedra

Contratos y temporalidad. Pontevedra 2016. Fuente: Servicio Público de Empleo

Además, la temporalidad ha ido ganando en brevedad. El 25,7% de los contratos firmados en 2016 fueron de menos de una semana. Y el 47,6% fueron de menos de tres meses.

Para explicar o justificar las altas tasas de temporalidad en España hemos escuchado argumentos de lo más variado. Desde que se debe a la propia naturaleza de nuestra estructura económica hasta que se debe a las subvenciones de las distintas administraciones públicas. Pero ninguna de estas cuestiones parecen ser ciertas.

Yo creo que, como afirma el profesor Manuel Alejandro Hidálgo Pérez, la temporalidad solo se reducirá cuando los costes de despido entre temporales y fijos sean los mismos. Quizá es momento de recuperar ideas que nos lleven por este camino.

Temporalidad

 

La situación de las personas con discapacidad en el mercado laboral español también muestra cifras terribles. Según los datos del informe específico que elabora el Ine (2015) la tasa de paro es del 31%. Los periodos de bonanza solo han supuesto pequeños avances, nada realmente significativo con lo que congratularse.

Desde el Cermi se han hecho propuestas de forma constante. Yo me voy a limitar a volver a mencionar algo que también el Cermi señala de manera insistente, la necesidad de cumplir la ley. Solo con que las grandes empresas cumplieran la ley que obliga a contratar personas con discapacidad ya se darían pasos significativos en esta cuestión. Pero el caso es que, aún incumpliendo la ley, se les premia con contratos públicos.

Con todo esto solo quería señalar tres aspectos concretos que me parecen casi como tradicionales en nuestro mecado de trabajo. No querría dar a entender que estos son los únicos. Ni siquiera los más importantes. De hecho, como he menifestado muchas veces en este espacio, creo que el mercado de trabajo enfrenta sus problemas más serios en su vertiente social. La caida demográfica y las propias características de la sociedad digital generan un mercado laboral bien distinto al que conocíamos hasta ahora.

El mercado de trabajo que dibuja la sociedad digital no permitirá a muchas personas salir de la pobreza. En España hay casi seis millones de personas cobrando el Salario Mínimo Interprofesional o menos. Y a ello hay que sumar que la temporalidad ha venido para quedarse. El de la sociedad digital es un mercado con una gran cantidad de trabajadores que se contratan de forma puntual, independientemente de las características de la contratación. Frente a esto o articulamos medidas como la renta básica universal, o será muy complicado que el empleo por si solo pueda garantizar un proyecto de vida.

Mientras, España seguirá siendo medalla de plata de la desigualdad europea. Por muchas razones, no solo por su mercado de trabajo, pero este contribuye claramente a ello. Y la desigualdad contribuye a la pobreza.

Desempleo de larga duración

Desempleo de larga duraciónA finales de noviembre del año pasado tuve la oportunidad de participar en un foro sobre desempleo de larga duración. El objetivo era señalar lo que funciona y lo que no a la hora de enfrentar el principal problema que en este momento tenemos en las políticas activas de empleo.

Creo que no lo conseguimos. A pesar del esfuerzo y el compromiso de la organización, ( excelente el trabajo que aquí y en todos sus ámbitos realiza EAPN Galicia ) no lo conseguimos. Debíamos concretar qué funciona y qué deberíamos cambiar para responder con más eficacia a las personas que llevan más de un año en desempleo. Pero solo fue posible parcialmente. Por decirlo breve y educadamente, cuando participa la administración ( la de empleo y concretamente la de Galicia ) es realmente complicado sacar conclusiones. Parece que no se plantean nada distinto a dar preferencia a un colectivo concreto en las medidas que habitualmente ponen en marcha.

Muchas personas de las que participaron hicieron preguntas muy acertadas que creo siguen sin respuesta. Preguntas como: ¿ Conocemos quiénes son las personas paradas de larga duración ? ¿ Por qué no se trabaja de forma específica algunas de las situaciones ? ¿ Estas personas precisan de apoyo emocional desde las políticas de empleo o esto es solo una boutade ? ¿ Se comportan igual las mujeres que los hombres ante una situación de desempleo de larga duración ? ¿ Precisamos un programa específico para las mujeres desempleadas de larga duración ?

No puedo ni sé responder a todas las cuestiones que surgieron. Pero si me gustaría tratar de dar una respuesta a las planteadas como objetivo en el taller. Al fin y al cabo fue para lo que me invitaron a participar, para responder a tres cuestiones bien concretas:  señalar ideas o prácticas que están funcionando y otyras que no y, por último, identificar qué se puede hacer para mejorar en la lucha contra el desempleo de larga duración. Al final del texto añado la presentación que me servía de base pero que no llegué a utilizar.

Lo que funciona

Entre las medidas que están funcionando hay tres que resultan evidentes: La orientación y el apoyo individualizado, la generación de espacios para que las empresas conozcan a estas personas y la formación.

La orientación con su carga de apoyo emocional y sus posibilidades de diagnóstico parece fundamental para una propuesta posterior que pueda resultar mínimamente eficaz. Hace ya tiempo que nos lo recordaba la propia Comisaria Europea de Empleo Marianne Thyssen y puede verse como principio en cualquier programa o iniciativa. Mejor dicho, no conozco ninguna medida que prescinda de la orientación.

Lo mismo sucede con la formación. En muchos casos de desempleo de larga duración se hace imprescindible. Y cuanto más específica o adaptada a las personas y a las necesidades de empresas concretas, mejor.

Lo que no está funcionando

Las medidas generalistas a modo de grupo. Dar preferencia a las personas desempleadas de larga duración no funciona. Que un curso, un taller o un programa de contratación funcione con personas que solo comparten el hecho de llevar mucho tiempo en desempleo tiene más que ver con la fortuna que con la eficiencia técnica. No es más que otra muestra de esa práctica tan extendida de utilizar las medidas de mejora de la ocupabilidad como si fueran prestaciones.

Que no funcionan lo demuestran los números. Esto es lo que se está haciendo, dándoles preferencia en las actividades. Sin embargo, trimestre tras trimestre vamos consolidando un fenómeno que empieza a hacerse peligrosamente crónico.

Qué se puede hacer

Cambiar esto último y, claro, diseñar programas específicos de orientación y formación con la participación de las empresas con criterios sectoriales o territoriales. No es difícil y ni siquiera caro. Llega con enfocar y dotar de contenido a algunas de las medidas que ya se hacen, cuando menos en Galicia.

El problema del desempleo de larga duración no es exclusivo de nuestro país. Pero es aquí donde presenta las cifras más alarmantes, junto con Grecia. Y es aquí donde más lejos estamos de dar una respuesta adecuada, tal y como señalaba un reciente e imprescindible artículo del World Economic Forum sobre el tema. Ahí se dice que las políticas activas de empleo pueden y deben jugar un papel clave a la hora de reducir esas insoportables cifras. Pero también señalan que la mejor respuesta al desempleo de larga duración, la prevención, no es la adecuada en España. Para ellos aquí deberíamos empezar por el principio, por ofrecer atención personalizada a quien es más vulnerable. Textualmente: “Spain still needs to put in place very basic tools to offer personalised attention to the most vulnerable groups.”

Y parece que vamos a empezar a dar esa respuesta.  Algo tarde si pensamos que el Consejo Europeo hizo las recomendaciones oportunas sobre el tema en febrero y que hemos llegado a que más de la mitad del desempleo sea de larga duración ( 56% ). Pero siempre es una buena noticia. Especialmente si viene planteada en términos de apoyo individualizado, especializado y con ratios máximas.

La misma semana de nuestro taller el gobierno aprobaba un plan específico con su correspondiente partida económica. Se llama Programa de Acción Conjunta para Desempleados de Larga Duración y pretende llegar a un millón de personas hasta 2018. Personas desempleadas entre 30 y 54 años recibirán apoyo individualizado por parte de técnicos especializados que tendrán una ratio máxima de 120 personas. Esperemos que se haga bien y que sea solo el principio de muchas otras medidas que seguimos necesitando.

Otras, quizá más amplias y ambiciosas, como las que plantea Fedea también van en esta linea de tratamiento individualizado. La influyente fundación formada por investigadores y académicos del ámbito económico y social propuso en diciembre un buen número de medidas para reducir el desempleo de larga duración. Todas sus propuestas son concretas e inciden en cambios tan radicales como imprescindibles. Y, a lo que iba, siguen esta linea común de formación y tratamiento individualizado, siempre en un marco de compromisos establecidos y con consecuencias por incumplimientos. Para ellos la insuficiencia e ineficiencia de los Servicios Públicos de Empleo no es más que una muestra de sus debilidades estructurales a las que se suma la falta de coordinación con los servicios de las administraciones locales o con el tercer sector.

Con todo, no lo olvidemos nunca, detrás de las cifras hay personas. Personas que no conocemos. O, mejor dicho, que los Servicios Públicos de Empleo no conocen. Los que trabajamos en ellos si los conocemos. Los servicios de empleo de entidades como Cáritas ( servicios, por cierto, de mucho mérito, con resultados muy positivos no siempre valorados ni suficientemente conocidos) si los conocen. Y todos saben y sabemos que el desempleo de larga duración se ha convertido en nuestro principal problema. Un problema insoportable.

 

 

Contrato de formación y certificados de profesionalidad

ApprenticeshipsEn este año 2016 el uso del contrato de formación ha sufrido una drástica disminución. Un bajón que no sorprende. Incluso podríamos decir que era de esperar. Tal y como se ha publicado en distintas fuentes hay más de una razón que lo justifican.

No pretendo señalar todas esas razones ni hacer una valoración completa y profunda del contrato de formación. Solo quería referirme a algunos de los cambios experimentados en el mismo desde el año pasado. Y entre esos cambios, concretamente, al papel de los certificados de profesionalidad pues parece que se se han convertido en un condicionante demasiado rígido.

Creo que el contrato de formación tiene mucho que aportar al mercado laboral español. Pero en lo que refiere al aprendizaje profesional, a los puentes que debemos tender entre las empresas y las personas que se incorporan al trabajo, es momento de multiplicar alternativas. Es momento, o a mi me lo parece, de buscar más soluciones a nuestros problemas de cualificación.

De entre los programas de acceso al mercado de trabajo que conozco a mi me gusta el programa británico de Apprenticeships ( de ahí la imagen de la cabecera ). En especial porque implica a las empresas. Estas deben invertir en las personas (que cobran el salario mínimo que les corresponde) pero juegan un papel acreditador de la formación que, en términos generales, asume el gobierno. Algo similar pasa en Alemania. Las empresas se implican y se responsabilizan de todo lo relacionado con la formación de aprendices.

Es decir, las empresas son las verdaderas protagonistas, junto a las personas, erigiéndose en las entidades que refrendan el saber hacer aprendido. Y, al margen de que a mi me guste el modelo por estas y otras características, la cuestión es que da resultados. En seis años han creado casi tres millones de puestos para aprendices. Esto es lo que parece estar en tela de juicio con nuestra propuesta más conocida y usada, los contratos de formación.

Hasta el año pasado nos quejábamos de que las nuevas regulaciones del mismo lo habían convertido en un un claro elemento de precarización de los jóvenes en el mercado de trabajo. Y los resultados parecían confirmarlo. A veces de forma extrema.

Contratos de Formación 2014

 

 

 

 

El caso es que para solucionar esto el Ministerio de Trabajo preparó una respuesta contundente. Buscaron una mayor regulación del uso del contrato de formación. Para ello se centraron en conseguir el objetivo formativo. Trataron de acabar con la disparidad de contenidos o con que cualquier trabajador pudiera tutorizar.

Es decir, contra el extremo del vale todo con tal de que un menor de 30 años trabaje nos vamos al otro lado: nada que no esté en los certificados de profesionalidad podrá justificar un contrato de formación.

Pero, claro, las exigencias de los certificados de profesionalidad son altas. Se trata de herramientas muy rígidas con normativas y exigencias claras y de muy difícil cumplimiento para las empresas. Entre ellos la obligación de contar con un centro homologado.

Algunos de esos requisitos son muy difíciles de cumplir, incluso imposible en muchos casos. Hoy en Galicia es muy complicado generar un contrato de formación para incorporar (y formar) a una persona como camarera de pisos. No existe ningún centro homologado para dar esta formación. Y la respuesta que he escuchado es que esa opción no es necesaria en hostelería, algo que no deja de sorprenderme…

A mayores existe otro problema. Muchas veces el certificado de profesionalidad de aquello en lo que queremos formar no existe. Tenemos 583 certificados de profesionalidad (y 664 cualificaciones profesionales), pero, obviamente, esto  no cubre todo el espectro competencial del mercado laboral.

Y es que la formación, los certificados concretamente, llegan tarde. Han sido y son instrumentos necesarios para homogeneizar los contenidos y prácticas formativas y para evitar un escenario de “todo vale”. Pero deben utilizarse como tal, no como herramientas que encorseten las posibilidades de adaptación de los jóvenes al mercado de trabajo. Debemos multiplicar los puentes que establecemos entre las personas y el trabajo, no limitarlos.

Y es que… así nos va. No solo tenemos un desempleo juvenil altísimo, incluso frente a otros países de nuestro entorno que también sufren este fenómeno. Tampoco tenemos instrumentos efectivos en el mercado para solucionarlos.

Algunas cifras del desempleo juvenil en el mundo

Algunas cifras del desempleo juvenil en el mundo.

Como decía al principio, no quería repetir en este artículo lo que se ha venido diciendo en muchos otros durante los últimos meses. Y tampoco querría limitarme a señalar lo que no funciona. Todo lo contrario. Me gusta pensar en alternativas, más allá de las posibilidades de modificación en los mismos contratos de formación.

Así que prefiero acabar con una propuesta que siempre me ha gustado: la cartilla profesional. Es algo que existe, con distintas acepciones, en otros estados. Un ejemplo puede ser el de Brasil y su CTPS, la Carteira de Trabalho e Previdencia Social. En el marco de la UE, Alemania la ha utilizado en la construcción, cuando menos hace unos años.

De forma similar a otros países como el nuestro el mercado laboral germano se divide entre profesiones reguladas (precisan una titulación obligatoria como podría ser abogado) y profesiones no reguladas. En estas últimas la titulación es, obviamente, de utilidad pero no es obligatorio tenerla en su totalidad. En esta área se encontrarían lo que en España conocemos como oficios. Por ejemplo, el de pintor. Alemania, como el resto de países europeos se ha embarcado en diferentes procesos para establecer un marco de competencias que, posteriormente, pueda ser homologable o equiparable al EQF, el marco Europeo de las cualificaciones. Pues bien uno puede formarse como pintor en Alemania. Pero también puede ir aprendiendo el oficio.

Implementar la cartilla profesional sería una medida muy barata que solucionaría varios problemas. El primero, el de la participación de las empresas y la validez (el valor) que las mismas le dan a la formación. El segundo el de incrementar las opciones que las personas tienen de mostrar lo que saben hacer. Especialmente, las personas más jóvenes y las menos cualificadas en las estructuras formales.

Y aquí lo dejo. Desde mi punto de vista hay opciones por explorar. Yo espero seguir hablando de las que aporta esta idea de la cartilla profesional.

 

CTPS

CTPS

 

Propuestas para el cambio en las políticas activas de empleo

Empleo y sociedad

El blog de Xosé Cuns

El trabajo por una sociedad más justa, equitativa e inclusiva me parece uno de los objetivos más loables y necesarios de la vida de una persona. Por eso siempre he admirado a todas aquellas personas que se implican, que dan su tiempo, su saber hacer y sus vidas por causas sociales, por mejorar el entorno en el que viven y la vida de quienes les rodean.

Entre estas personas destaco desde hace tiempo a Xosé Cuns Traba, un referente de la inclusión social en Galicia y en España. Y para mi, “el referente”.

Con él he aprendido mucho de cómo enfrentar problemas sociales sin perder una visión técnica. Los dos coincidimos en la necesidad de enfrentar problemas como el empleo o la inclusión desde un punto de vista técnico, sin perder el objetivo político o social. Como a él le gusta decir, trabajamos con criterios técnicos para lograr incidencia política. Un verdadero ejemplo de compromiso y de capacidad profesional.

Hace unas semanas Xosé Cuns me invitó a hacer unas propuestas para las políticas activas de empleo. Sabe que esto me gusta y no podía negarme. También conoce mi tendencia natural a extenderme e intentar “decirlo todo”. Así que tras un buen trabajo de análisis y de recorte, de limpiar el grano de la paja, ha publicado un texto que recoge diez puntos de las Políticas de Empleo que podrían y deberían mejorarse.

Desde nuestro punto de vista con ellos ganaríamos en eficiencia y en eficacia en cómo nos gastamos el dinero en la lucha contra el desempleo. Y también se alcanzaría una mayor participación de las personas, lo que no es un objetivo menor. Precisamos hacerlo mejor, pero también hacer más, llegar a más. La formación u otras actividades aún son insuficientes, a pesar de que en algunos casos no es fácil completar participantes. Pero esa contradición no es más que un problema de ajuste que puede solucionarse o, cuando menos, reducirse.

Debemos llegar a más personas para que mejoren su ocupabilidad en términos de competencias o de acercamiento al mercado de trabajo. Creemos que algunas de las propuestas, además, son bien fáciles de poner en marcha. Como en todo, solo hay que querer hacerlo.

En este enlace el artículo en el blog de Xosé Cuns.

La cocina, la educación y la sociedad digital

La cocina, la educación y la sociedad digitalLa primera vez que escuché situar a la cocina como un ejemplo de actividad que sabe adaptarse al nuevo escenario de la economía digital fue al gran Genís Roca. Desde esa he debatido sobre el tema en muchas ocasiones. Soy uno de los muchos que ven en la cocina un ejemplo de cómo desarrollarse en el nuevo entorno de la sociedad digital. De hecho es un ejemplo al que suelo recurrir en talleres, exposiciones y demás trabajos grupales. Y últimamente, cuando lo comento, no hago más que reafirmarme.

Suelo utilizar el tema de la cocina para comparar su situación con la de otras actividades o sectores. Hace unos meses lo hacía en unos talleres con un grupo de docentes. Con ellos planteábamos la pregunta que ahora en septiembre me vuelvo a cuestionar: ¿ Podemos imaginarnos que la educación fuera hoy similar a la cocina ? ¿ Qué significaría eso ?

Si algo caracteriza a la cocina es que no está relegada a la parte trasera de un restaurante. Hoy la cocina está en la red de todas las formas imaginables. Tenemos recetarios, publicaciones, una inmensa cantidad de blogs de todo tipo, desde profesionales a influyentes aficionados, cocineros accesibles en las redes, eventos, debates, empresas… Una intensa proyección digital que no se ha centrado en los miedos y/o en los peligros de la era de la hiperconectividad.

Todo lo contrario. La actividad de la cocina se ha venido centrando en la creatividad y en compartir. No solo se comparten y se reinventan las recetas. La cocina se caracteriza en los últimos años por su difusión y por su colaboración. Muchísimos profesionales participan de forma conjunta en multitud de eventos. Una gran cantidad de ellos se agrupan, trabajan en equipo o colaboran de alguna manera.

Con todo, en la sociedad en general se ha hecho muy presente la temática de la cocina. Muchas más personas disfrutan de eventos relacionados de ella. Los cocineros se han instalado en el reconocimiento social. De la misma forma que casi cualquiera puede citar a un futbolista o a un director de cine, puede citar a algún cocinero de éxito. Es más, no creo que sea atrevido afirmar que en el mundo el más conocido de nuestros profesionales (fuera del ámbito deportivo) es un cocinero. Y ello porque ha hecho de la creatividad, del cambio y del movimiento, la idea central de un trabajo intenso.

La cocina cuenta con un un sin fin de publicaciones. Tiene su propio y exitoso canal de televisión. No conozco cifras de televidentes, pero todo el mundo lo conoce y está integrado en casi todas las ofertas televisivas. En mi entorno hay un buen número de personas comprando moldes para trabajar el chocolate o experimentando con recetas del canal de televisión. Y a esto se le pueden sumar muchos seguidores de distintos concursos y propuestas de telerealidad en los canales generalistas. Además, nuevas aplicaciones multiplican las posibilidades de que particulares ofrezcan experiencias culinarias fuera de los canales tradicionales.

Volvamos ahora a la pregunta del principio. ¿ Podemos imaginarnos así a la educación ?

Estaríamos hablando de una actividad que se desarrollaría más allá de las paredes en las que habitualmente la encerramos. Y no solo eso. También sería una actividad que tendría a la participación y a la cooperación como protagonistas.

La sociedad en general participaría de la temática y eso no significaría que se pierda el valor de los profesionales. Tengo mi opinión sobre un plato de Arzak. Incluso puedo intentarlo en mi casa. Pero yo no soy Arzak. Es decir, cada persona asumiría su papel en relación a la educación pero con sentido participativo y crítico. Y los referentes serían conocidos y podríamos citar a alguien en este campo que no fuera el/la Ministro/a de turno ¿ Alguien puede citar un solo maestro o pedagogo con reconocimiento social ?

Los docentes se juntarían en eventos a los que acudiría el público en general. Podrías escuchar a profesionales de referencia, participar de experiencias, debatirlas en la red, contrastarlas en tu entorno habitual, escribir sobre ellas…  Y todo se haría partiendo de la idea de colaborar, compartir, crear, no en la de mantener un falso status profesional, no en la de atacar a un profesorado al que no sé por qué no valoramos cuando se hacen cosas excelentes.

Habría programas televisivos hablando de educación (no la escasísima oferta actual), concursos con actividades y proyectos educativos. Las familias y la sociedad en general serían partícipes de estos programas. De la misma forma hablarían sobre la actividad educativa en sus blogs o en los blogs de los profesionales que tuvieran de referencia. Especialmente con los profesionales de los centros educativos de su zona. Participarían de la actividad de estos centros, conocerían al personal y pasarían por allí habitualmente, igual que lo hacen por los bares de su entorno.

La escuela les parecería un lugar abierto en el que pueden participar, les generaría un sentimiento de pertenencia. Un lugar en el que la participación crearía cierto sentimiento de grupo, de equipo.

Es solo imaginación. Y es una pena. Una pena que no vivamos la educación como algo propio en lo que todos podemos participar desde el papel que nos corresponde. Aún así algunos no dejamos (me sumo) de apuntar deseos educativos año tras año.

No me extiendo. Es que en estos días de vuelta al cole he tenido ese cíclico sentimiento de que la educación dedica demasiado tiempo a cuestiones absurdas, nímias o superadas. Desde el lastre de los libros de texto a los deberes, pasando por la prohibición de dispositivos o fotos. Cuando pienso en algo tan importante como la educación, en la que todas las personas deberíamos estar implicadas en el papel que nos corresponde, me gusta pensar en la cocina. Me resulta un buen espejo.

 

Foto de Pixabay con Licencia: CC0 Public Domain

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