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Oriéntate y planifica tu futuro. Universidade da Coruña. Ferrol

IMG_1157Esta semana pasada he vuelto a tener la oportunidad de hablar sobre el mercado de trabajo que vivimos, el mercado de trabajo de la sociedad digital en el que no solo es necesario conocer y utilizar los recursos online, también es preciso gestionar nuestra imagen profesional.

Gracias a la gran Verónica Ramallal, una profesional ya imprescindible para mi, de esas que te hacen pensar “qué idea más clara y qué bien lo dice”, he tenido la oportunidad de participar en Oriéntate y planifica tu futuro, curso de Verano de la Universidade da Coruña.

En formato de pequeño grupo, técnicos del ámbito de la orientación y la promoción del empleo y jóvenes que trabajan por su desarrollo profesional pudimos dedicar unas horas a hablar de algunos de los cambios más evidentes en el mercado de trabajo.

Temas clásicos como el papel de la formación, el de la temporalidad y el impacto TIC fueron algunos a los que les dedicamos un buen rato. Y también al propio concepto del trabajo y las relaciones que establecemos en él. Me refiero al papel que debe jugar una relación como las prácticas o el trabajo sin cobrar (me resisto a escribir gratis).

Y quería comentarlo porque creo que es la primera vez que me encuentro personas (por lo menos con tantos argumentos) que piensan en nuevas relaciones laborales para aquello que hacen. En el grupo había personas dispuestas a trabajar a cambio de otros trabajos, a trabajar a cambio de la confianza en futuros servicios, a trabajar en términos de recompensas con servicios… No querría posicionarme demasiado. A día de hoy me parece que se nos presentan nuevas formas para trabajar, pero que no deben confundirse con la precariedad.

El trabajo cooperativo y colaborativo no solo se ha mostrado útil y lleno de aportes en la propia actividad económica, también es una clave importante de la sociedad civil en tiempos como los que vivimos. Ahora bien el trabajo tiene un valor en nuestra economía. Aquello que hacemos debe ser pagado o recompensando en su justa medida.

Desde la definición del valor de lo que aportamos es desde donde empieza el desarrollo profesional y desde donde debe empezar la búsqueda de empleo. De ahí que hablemos tanto de la importancia de identificar aquello que sabemos hacer y de identificarlo en términos de valor: ¿Qué aporto? ¿Yo pagaría por los servicios que oferto? ¿Qué mejoro? ¿Qué soy capaz de conseguir? Y En tiempos de cambio permanente esa redefinición debe ser constante.

Porque esta es una característica principal de este nuevo mercado de trabajo, está en cambio constante, a una velocidad que nunca habíamos visto. Y en los próximos años seguirá cambiando. Algunos cambios son imprevisibles, otros parecen dibujarse de forma más clara. Hoy mismo podíamos leer  (gracias a Ximo Salas que lo compartió en G+) como los próximos desarrollos tecnológicos impactarán en profesionales que hoy utilizan conocimientos y capacidades analíticas, de la misma forma que hemos visto como hasta ahora han impactado en empleos poco cualificados o con muchas posibilidades de automatización.

Pero, independientemente de estos cambios, lo que yo si constato en cada grupo con el que trabajo es la necesidad de estos foros. Las personas necesitamos hablar de lo que pasa en el mercado de trabajo desde un punto de vista técnico o, cuando menos, con ciertas certezas que vayan más allá de la conversación con amigos. Y no me cansaré de repetirlo. Es muy importante generar espacios en los que poder dialogar y aprender sobre el mercado de trabajo. Es más, por lo que yo veo, parecen imprescindibles.

 

PD: Mi agradecimiento no puede limitarse a Verónica Ramallal, obviamente. Este curso de verano, como otros encuentros y foros que, como digo, son tan necesarios, son posibles gracias al personal técnico que lo organiza y a las organizaciones y personas que se comprometen a participar. Así que mi más sincero agradecimiento al Servizo de Asesoramento e Promoción do Estudante, a Inmaculada Muñoz Priego y a compañeros como Roberto P. Marijuán o Sonia González de Adecco.

Sobre cómo enfrentamos la sociedad digital

CerebroMe encanta hablar sobre los cambios en el mercado de trabajo, especialmente de aquellos derivados del impacto de la tecnología. Como sabemos (El ocaso del empleo) el mercado de trabajo está cambiando globalmente como nunca lo había hecho. Razones de tipo demográfico, formativas o de impulso de la competitividad desde los países emergentes hacen que las personas se enfrenten a un escenario laboral global nunca antes conocido, inestable y altamente competitivo.

En realidad estos temas siempre han marcado el mercado laboral, solo que los cambios que vivimos parecen ahora (no a todo el mundo) más profundos, de dimensiones globales, menos predecibles y menos estables en el tiempo.

El caso de la tecnología es especial. La tecnología siempre se ha comportado de forma similar pero ahora alcanza la obsolescencia a gran rapidez. Y su impacto es, muchas veces, absolutamente disruptivo, capaz de cambiar nuestro comportamiento y nuestro entorno en períodos de tiempo muy cortos. De hecho en el mercado de trabajo podemos ver algunas profesiones desaparecer o transformarse de forma radical en cortos periodos de tiempo. Es evidente que asistimos a cambios drásticos que obligan a respuestas drásticas.

Muchas personas rechazan los cambios derivados de las adaptaciones al nuevo entorno digital. Y muchas empresas, organizaciones y administraciones siguen respondiendo a nuevas preguntas con antiguos esquemas y conceptos que hoy han cambiado, propios de una era anterior.

En este sentido el pasado mes de julio leía un artículo muy interesante en The Guardian weekly. Era de Juliette Garside y mostraba algunas opiniones que, en general, trataban de describir cómo enfrentar desde Europa el impacto de compañías como Google, Facebook y demás monstruos de la economía digital. El artículo plasmaba la idea de cómo Europa debía competir con estas empresas y venía diciendo: “Vamos a meter en cintura a estos de las compañías introduciendo nuevas legislaciones restrictivas y más control, especialmente contra aquellas que manejan datos y contra los nuevos modelos de negocio que configuran”.

Me pareció la vieja Europa enfrentando una nueva guerra contra aquellos que representan el “brutal capitalismo de la información”, como dijo Sigmar Gabriel, Ministro de Economía de Alemania. Y así nos va. En Europa aún no tenemos ninguna gran propuesta tecnológica, ninguna empresa protagonista de la economía digital. Nuestros emblemas y nuestras empresas más potentes siguen perteneciendo a la distribución tradicional o a la alimentación.

Empresas Europa 

No quiero profundizar en un tema de tanto calado donde, probablemente, los cambios legislativos sean necesarios.  Solo quería comentar que el esquema de respuesta no me parece el más apropiado. Intervenir a golpe de legislación y de nuevas normativas no parece la mejor de las opciones para conseguir una economía competitiva en la sociedad digital. Y tampoco para generar empleo.

No hablo de problemas tan graves como la amenaza democrática que suponen la actual gestión de nuestros datos, de los datos de las organizaciones y, en fin , del espionaje y del constante cercenamiento de nuestras libertades. Y tampoco quiero hablar de economía. No es lo mío y ya hay muchas personas y organizaciones haciendo propuestas para la mejora del empleo desde el ámbito económico.

Solo quiero referirme a la necesidad de enfrentar la sociedad digital desde la perspectiva de las soluciones y de sus implicaciones para el mercado de trabajo. A la necesidad de abandonar la postura de rechazo constante a los cambios producidos por las TIC y la postura defensiva que nos sitúa a todos como víctimas del cambio cuando, al menos así lo siento yo, la sociedad digital trae consigo avances significativos.

Los nuevos modelos de negocio (Uber, Airbnb) dibujan una actividad económica no solo centrada en los servicios, también necesitada de nuevas competencias y de nuevas propuestas. Así que fomentar los negocios alrrededor de los nuevos modelos o proponer nuevas soluciones a nuevas necesidades parece mejor respuesta.

De hecho no creo que andemos escasos de ámbitos en los que poder dar estas respuestas:

Proponer soluciones en el marco de la internet de las cosas, lograr una sociedad más participativa, trabajar en el papel de los logaritmos en la red, en las nuevas posibilidades de los sensores y los datos generados en una sociedad permanentemente conectada, las posibilidades de la Esalud (en Vigo tenemos un buen ejemplo en este área: Gradiant ), la necesidad de proyectar el sector turístico al nuevo entorno digital, demasiadas veces en la edad de piedra de las categorías y las estrellas,  la urgente necesidad de extender las redes de alta velocidad de forma absolutamente generalizada y un sin fin de nuevas posibilidades que parecen asomar de forma clara en el escenario de nuestro futuro inmediato.

Y ahí el papel de la administración también es fundamental, especialmente en la vieja Europa. En este sentido es de apreciar el respaldo de nuevas iniciativas empresariales o el impulso de las nuevas competencias para el siglo 21 en el marco de la iniciativa Europa 2020. Al igual que las experiencias que tratan de generar entornos creativos y digitales (Berlín, London, Barcelona).

Resumiendo. Europa enfrenta graves problemas como el de las competencias profesionales para el futuro próximo, el envejecimiento de la población, la dicotomía social… Y para enfrentarlos precisaremos un nuevo enfoque, una nueva forma de enfrentar la economía digital y la evolución tecnológica. Un enfoque más participativo e inclusivo que sea capaz de superar la respuesta victimista y defensiva que muestran algunos negocios y demasiados políticos. Un enfoque que permita tener una administración que respalde el dinamismo socioeconómico europeo. Contamos con muchas ideas y con muchas personas empeñadas en ponerlas en práctica. En el video puede verse un divertido e interesante ejemplo. Y estas personas se merecen políticos a la altura y un entorno más favorable.