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Entrevista sobre empleo en Vigoé

Esta semana he tenido el gusto de responder a algunas preguntas sobre empleo en Vigoé, un medio de comunicación de mi ciudad que suele informar de noticias locales.

Es la segunda entrevista que me hacen. En los dos casos han sido muy amables y me han dado todo tipo de facilidades para responder a las cuestiones que me planteaban. Y para mi siempre es un gusto hablar sobre empleo. Así que estoy muy contento y agradecido por la oportunidad y por el hecho de que cuenten conmigo para conversar sobre el tema que es el principal motivo de este espacio y de mi trabajo habitual. La entrevista puede leerse aquí. Sigue leyendo

Miedo y búsqueda empleo

En el tema Todos contra el cielo de su último y fantástico disco Nacho Vegas dice “El miedo es ya nuestra sensación más transversal”. Y no le falta razón. El miedo ha conseguido instaurarse en y entre nosotros. El miedo condiciona (lo atenaza realmente) nuestro comportamiento y sirve de justificación a múltiples desmanes que consentimos sin el más mínimo cuestionamiento. Pero, ¿ Qué sucede con el miedo en el mercado laboral ? ¿ Está presente ? ¿ Nos condiciona ?

Yo creo que si. En mi experiencia el miedo tiene una presencia total en la vida de las personas y condiciona sus decisiones de forma evidente. Es más, creo que es el factor que más influye en la toma de decisiones de futuro profesional.

Como sabemos, el miedo tiene un objetivo fundamental para nosotros: nuestra supervivencia. En nuestra vida, en el trabajo, nos da la necesaria dosis de prudencia. No tener miedo no es nada aconsejable. De hecho es imposible no tener miedo o, cuando menos, es imposible anular los mecanismos que nos mantienen alerta. Pero cuando el miedo supera esos límites, cuando es permanente, cuando resulta atenazante o incluso paralizante, nos encontramos con un problema.

El miedo al trabajo en si mismo se llama Ergofobia y puede llegar a causar muchos problemas a quienes no son capaces de superarla. A mayores de la fobia general podemos encontrar muchos tipos de miedo. Pilar Jericó habla de cinco tipos de miedo en el trabajo con uno que los incluye a todos: el miedo al cambio. Porque eso es la consecuencia primera del miedo, nos impide hacer cosas que no sean protegernos (correr, luchar, quedarse paralizado…). Es instintivo.

Además del miedo general al trabajo, el miedo a determinadas situaciones, al fracaso o al rechazo, existen miedos específicos a cada situación laboral. Efectivamente podemos sentir el miedo al trabajo en si mismo. Pero también sentimos el miedo al desempleo, el miedo a la búsqueda de empleo o el miedo a no encontrarlo. A ese miedo, al que refiere a perder el trabajo y a no encontrar otro es al que querría referirme hoy.

En mi día a día es el que más me encuentro. Es más, me lo encuentro de forma casi permanente. Las personas enfrentan su futuro profesional desde esa premisa básica, desde el miedo a no encontrar opciones que nos permitan pagar nuestro sustento y el de quienes dependen de él. Y, como decía antes, creo que este miedo cumple una función básica de mucha utilidad. Pero también puede convertirse en algo atenazante y casi patológico.

¿ Cómo lograr que este miedo no condicione de forma determinante todas mis decisiones en los procesos de búsqueda de empleo ?

No soy psicólogo y no puedo tratar el tema desde una perspectiva terapéutica. En caso de que la situación tenga ese carácter patológico, la respuesta debe ser la terapia. La terapia cognitivo conductual parece la forma más eficaz de vencer un problema de miedo de los que no puedo superar. ¿ Como detectar esto ? Acudiendo a un / una profesional que nos diga si realmente estamos ante una situación patológica o no. En cualquier caso, síntomas como una ansiedad incontrolable (el origen de la ansiedad es el miedo) debería ser suficiente para solicitar un diagnóstico.

Pero si no hablamos de un problema patológico sino de un condicionante, de algo que si podría controlar, podemos mencionar algunas formas de hacerlo.

1.  Asumir la responsabiliad de nuestro desarrollo profesional.

No sé por qué (o puede que si, pero me daría para otro artículo) las personas tendemos a no coger las riendas de nuestro futuro profesional. En general solo buscamos empleo cuando perdemos el puesto de trabajo. Es más, solo pensamos en nuestro desarrollo profesional y en el futuro a medio plazo cuando vemos nuestro empleo peligrar de forma seria. Es la situación la que nos hace reaccionar y actuar. Y mientras eso no se produce, no hacemos nada.

2. Asumir que nuestro sistema de alerta está siempre funcionando y eso no es malo.

El miedo a las situaciones desconocidas o novedosas es normal y no podemos no tenerlo. Es preciso reconocerlo y aceptarlo.

Es preciso hacer consciente nuestro miedo y reconocer que viene de situaciones pasadas. Son almacenados en el tiempo y responden a situaciones del pasado que hemos ido guardando como amenzas a nuestra superviviencia.

Es posible que hayamos estado antes en desempleo. Y si no es así conocemos experiencias en este sentido. Lo normal es que nos dé cierto miedo.

3. Convencernos de que los miedos se vencen.

Seguro que tenemos un buen montón de experiencias de miedos que hemos vencido. Podemos enfrentar los miedos. Puede que ya hayamos estado en desempleo o que conozcamos a personas que han pasado por esa situación. De la misma forma seguro que hemos superado situaciones similares o hemos visto cómo otras personas lo han hecho.

4.  Actuar.

Probablemente lo hagamos con cierta inseguridad, con nerviosismo o dudas. Pero actuar es lo que nos permitirá comprobar que “no pasa nada”, que puedo gestionar la situación. Y nos permitirá ganar en seguridad. Además, en esta vida podremos arrepentirnos de haber hecho algunas cosas pero es más que probable que nos arrepintamos de lo que no hemos hecho.

Yo estoy convencido, como la micropoetisa Ajo, de que “no hay peligro suficiente para tanto miedo como tenemos”.

Imagen de Anita Hart bajo licencia Creative Commons.

Digital nomads, las nuevas formas de trabajar y la polarización del mercado laboral

Digital NomadsUn artículo de Techcrunch sobre digital nomads y la guerra por el talento en distintos países me ha vuelto a mostrar la polarización que se está produciendo en el mercado de trabajo global. En lo que refiere a la guerra por el talento de los distintos países, el artículo no resulta novedoso. Salvo necios como Trump todo el mundo entiende que contar con los mejores profesionales o aquellos que pueden aportar en términos innovadores, vengan de donde vengan, es positivo. Así lo han entendido siempre las grandes potencias. Ahora Canadá aprovecha las medidas de Trump. Pero los países poderosos siempre han dado facilidades para que quienes destacan puedan trabajar en ellos. De ahí que uno de los grandes problemas de los territorios más pobres también sea ese, la descapitalización de su talento. Existen numerosos y tristes ejemplos de esto, alguno bien cercano.

Incluso China, el país que hoy lidera el planeta en muchos aspectos, lleva tiempo realizando grandes esfuerzos para llevar de vuelta a casa al talento emigrado. Y también buscan académicos de primer nivel de cualquier nacionalidad con el famoso Plan de los mil talentos puesto en marcha en 2008.

Como digo, hasta aquí, nada nuevo. Lo que si me parece más novedoso es comprobar cómo esos perfiles altamente cualificados, los digital nomads, no se limitan a fijar su residencia en un lugar más o menos atractivo. Y eso que tienen capacidad para ello, pues pueden comparar y elegir.

Lo que parecen mostrar estos profesionales es una motivación intrínsica por ir allá dónde existan propuestas de interés. Los digital nomads pueden fijar su residencia en un lugar, pero parecen moverse por proyectos que pueden ser a largo o medio plazo y en distintos países. Y eso les resulta tan atractivo que han aparecido herramientas como Jobbatical para mostrarles ofertas interesantes en cualquier lugar del planeta.

En este contexto, las tradicionales estrategias de atracción no serán suficientes para gobiernos, administraciones, empresas o instituciones. Hasta ahora no era difícil competir en universidades de países desfavorecidos o sin recursos. En los países más poderosos la atracción de talento se ha basado en salarios, beneficios fiscales, contratos de poca vinculación o beneficios sociales.

Pero, por lo que podemos ver, en este escenario será necesario ir algo más allá para atraer ese talento altamente cualificado. En este sentido, el ejemplo de Estonia con su propuesta de e-Residencia es, quizá, el más conocido y referenciado.

Hace unos años decidieron crear una nueva categoría de ciudadanos, los e-residentes. Cuentan con una identidad digital con su propia ID card y disfrutan de ventajas y facilidades para crear una empresa y así ejercer profesionalmente allí.

E-Residence

 

Visité Tallín en 2015. Me pareció un lugar apasionante. De esos que transmiten las ganas de cambiar y hacer cosas. Mucha gente joven deseando hablar con todo el mundo y una actividad económica y cultural incesante que no estaba esperando a que la administración correspondiente hiciera algo.

Puede que ese contexto sea necesario para que surjan proyectos como el de la e-Residencia. No lo sé. Lo que si sé es que la propuesta me parece una de las mejores apuestas que un país puede dar para garantizar la inclusión digital de sus ciudadanos y, a la vez, convertirse en referente mundial para digital nomads. Un verdadero polo de atracción para quienes están interesados en “cambiar el mundo”.

Tal y como un día le oí decir a Genis Roca, en el entorno digital uno es de dónde puede participar. Estonia da pasos en esta dirección. Hoy es el referente mundial de las nuevas relaciones entre un país y los trabajadores o ciudadanos, el referente en cómo situar un país en el entorno digital.

Otra opción que parece consolidarse es el trabajo en remoto. La red trajo consigo esta posibilidad que hoy parece casi obvia para algunos empleos. Y no solo para los que están relacionados directamente con la tecnología. Así lo demuestran en Remote OK, uno de los principales recursos para encontrar empleo en remoto, con un millón de personas buscando oportunidades (Hace unos días tenían 27.650 ofertas). Ahí cuentan con una sección de ofertas NonTech Jobs que suele mostrar cerca de 2.000 posiciones abiertas.

Paralelamente, en este mismo escenario de trabajadores buscados, de Digital nomads y trabajadores en remoto, seguimos viendo grandes migraciones. Como siempre ha sucedido a lo largo de la historia de la humanidad, las personas siguen yendo de territorios pobres a países ricos. Y continuamos asistiendo al dantesco espectáculo de la explotación y el tráfico de personas, al esclavismo.

De hecho muchos países en oriente medio, Europa del este, África o Asia siguen con prácticas esclavistas. La situación de las empleadas domésticas en los países árabes, los trabajadores traídos para construir los estadios para el mundial de Rusia o para el de Catar, la venta de personas emigradas en las costas mediterraneas y otros atropeyos indignantes son ejemplos de una lista que podría ser muy larga.

En el polo opuesto a Estonia, las leyes y normativas de muchos países representan esa dicotomía de la que hablo. En ellos es legal que las personas no puedan cambiar de empesa y que estas retengan sus pasaportes. Omán, por ejemplo.

Hay quien aún piensa la globalización en los términos definidos antes de la aparición de la red. Pero el escenario no es el que preveíamos, concretamente para el mercado laboral. Es mucho más complejo. Eso si, sigue mostrando una polarización cada vez más acentuada que está caracterizando el mercado laboral de la sociedad digital en la que vivimos.

 

Foto de cabecera de Britt-knee bajo licencia CC

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